Abrió lentamente un ojo y exploró su alrededor en busca de cualquier cosa extraña, lo primero a la vista fue el hombro de Smith, un hombre serio con cara de pocos amigos que iba manejando.
En su regazo a la vista de cualquier curioso estaba el paquete que le había entregado, -que irresponsable- pensó-. Después de todo por lo que tuve que pasar-, en el compartimiento donde debería estar la radio vio la habitual pipa con un poco de hierva, fiel compañera de estos dos que en momentos de relajo les venía muy bien. Luego de inspeccionar que todo esté en orden se levantó estirando los brazos y bostezando dijo. -Smith, préstame tu encendedor por favor.
-Ya era hora bella durmiente. Está en la guantera, ten cuidado.
-¿Que me crees?- dijo desafiante, abrió la guantera sin cuidado y dos revólveres cayeron.
-¡Idiota! te dije que tengas cuidado, una es tuya, dame la otra.
- Vaya que no has dormido.- guardó su revolver y sacó el encendedor.- ¿Que tal está? ¿La has probado ya?
- ¡Excelente! Lo trajo Teo de Canadá, solo necesitas esto.- metió la mano a su bolsillo y sacó lo que parecía ser una pizca de hierva.
- ¿Solo eso? ¿Estás seguro? ...tendré que probar.- lo cogió y puso todo lo que había en la pipa, la llevó a su boca y la prendió aspirando todo lo que pudo. Contuvo el aire un momento, segundos después exhaló botando un humo blanco con un agradable olor. Enseguida lo acompaño una placentera sensación, parecía flotar, sus sentidos se agudizaron y su mente viajó por un momento. Sacó su ipod, lo prendió, se colocó sus audífonos, buscó Lemmon Jelly y le dio play. Su música parecía estar hecha para este tipo de viajes, era excelente.
-Toma, según lo acordado, está todo completo-. le dijo toscamente al encapuchado que actuaba de manera indiferente.
-Señor Smith, porque tan apurado, venga siéntese, charlemos un poco- decía con una sospechosa tranquilidad, pero para su mala suerte Smith no estaba de humor para tonterías y en un instante sacó su revolver arremetiendo sobre su cabeza. -Mira!.- susurró fríamente sobre su oído apretando los dientes y empujando el arma mas fuerte sobre su sien.- mi parte está hecha, ahora, donde está lo prometido, apresúrate si no quieres terminar con una de mis balas dentro de tu pequeño y degenerado cerebro.
-Vamos vamos señor Smith -respondió como si mantuviera el control de la situación.- tranquilo, no hay porque ponerlos agresivos, o si?- preguntó mirando a Tito, que aún con los audífonos puestos estaba amarrado a una silla y con aspecto relajado, sólo hizo un gesto con los hombros en señal de que estaba bien...
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